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nov.
21 2003

Cooperativa Forestal Volcán Llaima
Los campesinos enfrentados al poder
Ana Muga Sáez



Lo que en un comienzo fue alabado como una buena iniciativa de superación de los pequeños campesinos por parte de las autoridades, a medida que la Cooperativa Forestal Campesina Volcán Llaima iba tomando fuerza y captando más socios de las comunas cordilleranas de la Novena Región se fue levantando como una competencia inaceptable para la única empresa que compra y comercializa durmientes en el país: Agrícola y Comercial Mardones Ltda., dirigida por el radical ex gerente de Ferrocarriles del Estado, Gonzalo Mardones. Para los directivos de la cooperativa, en los años que llevan intentando mantener esta alternativa para los campesinos han recibido muy poco apoyo real y demasiados obstáculos, dándoles fuertes indicios de situaciones poco transparentes en las distintas instituciones gubernamentales.

Los campesinos que viven en los faldeos cordilleranos, la mayoría de ellos mapuches, llevan años utilizando el bosque de sus predios para la elaboración de durmientes de coigües, ulmos y tíneos, como única fuente de ingreso, entregándolos a empresas intermediarias a cambio de mercaderías y herramientas sobre valoradas o a precio usurero. La Cooperativa Agrícola Forestal Volcán Llaima surgió para subsanar este problema que se mantenía a través de los años, buscando una mejor calidad de vida para los pequeños productores y disminuyendo la presión sobre el bosque nativo en la medida que necesitaran explotar menos sus predios para sobrevivir. De hecho, Cunco, Melipeuco, Lonquimay y Curarrehue, localidades en las que opera la Cooperativa, están dentro de las comunas más pobres del país, como la mayoría de los municipios con presencia mayoritaria mapuche, etnia que conforma, a su vez, el 98% de los socios de la entidad.

Campesinos unidos.

En 1999, mientras la documentación para constituirse legalmente como cooperativa estaba siendo procesada en Indap, sus dirigentes viajaban a Santiago y se acercaban a las oficinas de la Empresa de Ferrocarriles del Estado (EFE) para conversar directamente con el gerente Jaime Mondaca, pidiéndole un cupo de venta directa de durmientes para la agrupación de pequeños productores y logrando que la empresa estatal los reconociera y les encargara 5.000 maderos que serían recogidos en Cunco y Melipeuco y comprados a un precio de $5.000, $2.000 más que los que les cancelaban los intermediarios por cada palo. La satisfacción que les dio el buen resultado de las gestiones comenzaron a desdibujarse en el momento en que llegó Carlos Toledo, de Ferrocarriles del Estado, a clasificar los durmientes en terreno. "Nosotros acumulamos 7.000 durmientes y se los dejamos en las canchas de acopio y él nos rechazó 2.000 durmientes, pero igual cumplimos con la cuota", recuerda Guillermo Saavedra vocero y representante legal de la Cooperativa. Después de eso, Ferrocarriles se demoró alrededor de un mes y medio en pagar la partida, demasiado tiempo para campesinos pobres que no cuentan con un fondo que amortigüe la espera, sumado a que la segunda partida prometida no se pudo concretar porque no fueron recibidos nuevamente por el gerente general de la EFE. La desmoralización terminó por instalarse entre los campesinos cuando la documentación para la oficialización de la organización se perdió en INDAP, quedando paralizada.

El nuevo intento

La segunda arremetida por levantar la organización se dio cuando los dirigentes se enteraron que unas personas, usurpando el nombre de la cooperativa, compraban a muy bajo precio durmientes a los campesinos y los revendían a Ferrocarriles como supuestos productores. Cuando tomaron conocimiento de esto, los directivos denunciaron estas irregularidades -contando para ello con el apoyo del diputado radical Fernando Meza- y Ferrocarriles despidió a dos funcionarios que estaban detrás de ese negocio. Uno de ellos era Carlos Toledo, quien llegara anteriormente a clasificar los maderos y que luego de ser despedido encontró rápidamente trabajo en la empresa Agrícola y Comercial Mardones Ltda. El apoyo que llovió en un comienzo por parte de las autoridades a esta naciente organización campesina, con ofrecimientos de colaboración y proyectos de distintas instancias gubernamentales, duró poco, quedando sólo como promesas vagas. No obstante, la Cooperativa ganaba adhesiones en el mundo campesino, llegando a organizar a más de 1.600 pequeños productores en su momento más alto, con asambleas de 400 personas a las que se allegaban autoridades comunales, contando en una oportunidad con la presencia de siete alcaldes de las comunas aledañas.

Los nuevos embates

Las irregularidades se siguieron dando, hubo amenazas directas y telefónicas contra los dirigentes de la Cooperativa y sus familias y al tanto de esto estaban todas las autoridades de la región: el intendente de la época, Ramiro Pizarro, el Seremi de Economía y de Trabajo. "Y todos coincidían que había que buscar alguna forma de organizarnos de nuevo y seguir trabajando, pero sobre e la denuncia por corrupción no hicieron mucho eco en el gobierno regional", señala Saavedra. "En reunión con el gerente de EFE, don Jaime Mondaca, recuerda Guillermo Saavedra, él reconoció que había personal al interior de Ferrocarriles que estaba robando, lo dijo con esas palabras, pero que él tenía sus manos limpias y esperaba que siguiéramos trabajáramos". Sin embargo, al parecer Ferrocarriles no investigó más el asunto. Finalmente salió la documentación y se llegó a un convenio de compra con la EFE por 37.000 durmientes, a un precio de $7.000. En ese período se anunció públicamente por el Intendente regional la firma del convenio en julio de 2002, pero el convenio vino a materializarse recién el 7 de noviembre. "En ese proceso de dilación mucha gente se fue desilusionando. El Intendente dijo que se iba a triplicar el precio que pagaban los intermediarios, lo que alcanzaría un valor de $11.000", pero el convenio se firmó finalmente en las oficinas de Ferrocarriles, sin bombos ni platillos: "El gerente lo firmó en su oficina y yo lo firmé en el pasillo y el precio fue de $7.000. Nosotros no queríamos aceptar ese precio, pero cuando se anunció el convenio toda la gente comenzó a producir durmientes y los tenían acumulados desde hacía cuatro meses y necesitaban urgente venderlos", explica el dirigente.

La insistencia en la investigación y el no "ir con los tiempos", como le dijeron por no aceptar un proyecto en el que debía dejar "una cola" para las campañas del PS, le valieron a Guillermo Saavedra la mala voluntad de los dirigentes políticos y administrativos de las distintas instancias, sobre todo al declarar su intención de cuidar el bosque nativo y frenar de esa manera las plantaciones de especies exóticas de las empresas forestales en la zona. Pero principalmente por ser potencialmente una competencia demasiado poderosa para la única empresa que trabaja con durmientes en el país: Agrícola y Comercial Mardones Ltda., cuyo dueño titular es el ex gerente de Ferrocarriles del Estado Gonzalo Mardones, personaje ligado al radicalismo (ver recuadro). Por eso entienden que haya durado poco el apoyo entregado en un primer momento por el diputado, también radical, Fernando Meza, quien más tarde respaldó una querella contra Guillermo Saavedra muy poco clara, que aún no le es notificada oficialmente pero que ha significado el allanamiento de la oficina que tenía la Cooperativa en Temuco, el requisamiento sin ninguna justificación del jeep de la entidad, vehículo altamente necesario para cubrir las distancias que separan a los socios de las distintas comunas, ser vigilados por la DISPI, organismo de inteligencia del ministerio del Interior, dedicado a investigar esta agrupación por su composición mayoritariamente indígena, y la visita de policías de investigaciones a su casa en Cunco, preguntando a su familia por unos "poderes". La querella, en tanto, sería por falsificación de documento de uso público, de un acta de la Cooperativa, "falsedad fácilmente demostrable", y por intentar conseguir un préstamo de 10 millones de pesos. "Lo que es un absurdo, a nadie le pueden acusar por tratar de conseguir un préstamo y efectivamente quería conseguirme un préstamo y el gobernador estaba ayudándonos, pero era para capital de trabajo que esta Cooperativa necesita mucho para pagar a los productores al momento de la entrega y no un mes después, porque es gente que produce para comer", explica Saavedra.

Mientras tanto, la gente se fue desilusionando, les dieron cupos de 3.000 durmientes mensuales y la cooperativa en ese momento tenía más de 1.000 productores, lo que significaba que cada uno vendiera 3 durmientes mensuales: "Con eso Inevitablemente un 90 por ciento de los campesinos iban a tener que seguir vendiéndole a los intermediarios, sin otra opción".

A la sombra del caso coimas

Sin duda, para los dirigentes de la Cooperativa el objetivo de toda la campaña que se ha desplegado en contra de esta organización es mantener el monopolio de la venta de durmientes por parte de una sola empresa que es Mardones BPB, y en ese objetivo se mueven las autoridades por la estrecha relación que hay entre el mundo concertacionista y la empresa privada, la que según estiman los denunciantes sería una de las principales financistas de sus campañas electorales. Señalando como argumento la sobrevaloración de la impregnación de los durmientes, los que son vendidos a Ferrocarriles a precios que bordean los 26.000 pesos cada uno, con partidas que superan los 60.000 anuales y generando un jugoso excedente que alcanzaría a las diferentes campañas electorales. Sin duda, una fuente de recursos más suculenta y segura que el descubierto negocio de las plantas de revisión técnica por las que están siendo procesados, los diputados democratacristianos Cristián Pareto y Jaime Jiménez, el ex ministro Víctor Manuel Rebolledo y el radical ex subsecretario de Transporte Patricio Tombolini, en el bullado caso coimas. Este último, también visto rondando el negocio de los durmientes.

Las garras del monopolio

Si bien es cierto que esto partió con la idea de venderle durmientes a Ferrocarriles, la idea era mucho mas ambiciosa, admiten los dirigentes campesinos: "Era instalarnos con una planta impregnadora, para vender un producto con valor agregado. Buscamos información y costaba cerca de $170 millones una planta de secado e impregnado y Corfo estaba apoyándonos pero finalmente llegó una orden de la Intendencia a todos los servicios que prestan apoyo económico a la pymes diciendo que a la Cooperativa Llaima no se le entregaran más recursos. La idea nuestra era vender durmientes impregnados y eso lo manifestamos abiertamente", afirma el dirigente cooperativista, "y quizás ser demasiado abiertos fue el error", se cuestiona. Mientras que a la Cooperativa le eran negados los proyectos por distintos organismos, el Estado financiaba otros de dudosos resultados, "como una planta de secado de madera que costó $48 millones en Cunco", financiada por Sercotec, la que debido al mal manejo de personal no idóneo hoy "es el gallinero más caro de la Novena Región, porque no sirve de nada", cuenta Guillermo Saavedra.

En cambio, "nosotros nos veníamos planteando como una alternativa muy válida. Lo poco que nos entregaba el gobierno para trabajar, lo multiplicábamos con creces".

Los últimos embates

Las últimas maniobras fueron tendientes a crear la desconfianza entre los integrantes, cuando tres personajes "vinculados a la Democracia Cristiana" de Santiago, aparecieron en el momento de mayor desánimo, ofreciendo capital de trabajo a cambio de un poder para cobrar los dineros de la última partida a Ferrocarriles. "Llegaron con 6 moto-sierras que repartieron a los campesinos, ganándose la confianza, pero cuando cobraron el pago se quedaron con plata diciendo que lo habían mandado todo", relata Saavedra.

"Han metido desconfianza entre nosotros y lo que el gobierno quiere es que nos peleemos y esto se termine", afirma Leonel Llancafilo, dirigente del comité de campesinos de Quiñenahuín en Curarrehue, al que trataron de indisponer con Guillermo Saavedra y que renunciara a la Cooperativa. Cuando esto no resultó, lo amenazaron entre otras cosas con que Impuestos Internos le quitaría sus tierras. Finalmente, fue claro para el dirigente que la intención de los personajes era terminar con la Cooperativa y abrirse espacio en el tentador negocio de los durmientes de madera nativa. Con los últimos esfuerzos, los dirigentes quieren levantar nuevamente la Cooperativa, aún tienen que entregar a Ferrocarriles una partida y a partir de ahí seguir remontando.

"Da pena ver cómo a la gente la explotan y sigue vendiendo la calidad por necesidad. Porque le falta el pan, hoy tiene que vender a precio de huevo el producto que tiene", admite Leonel Llancafilo. "Es importante que hagamos el ultimo intento", corrobora Saavedra, "mejorando el precio, que sigue siendo malo, y recuperando el espacio ganado".

"Ahora nos esquilman con el aval del gobierno"

Leonel Llancafilo es uno de los directores de la Cooperativa y representante de los 170 pequeños productores de Quiñanahuín de Curarrehue, que a su vez integran la organización "Volcán Llaima" . En su casa, ubicada en los altos precordilleranos, relata que por necesidad tuvo que recurrir en septiembre de este año a la cancha de acopio y compra que instaló la empresa Mardones (a 20 minutos en vehículo de su casa) con el apoyo de Conaf, Serviu y la sociedad de cooperación alemana GTZ. Seleccionó acuciosamente 90 durmientes de 200 que tenía, esperando que no le rechazaran ninguno. En la cancha de acopio le aceptaron 57 y le rechazaron el resto (el tradicional 40% que rechazan en Mardones, para comprar el resto a más bajo precio), que debió dejar igualmente en el lugar para no pagar flete de vuelta. La conclusión para el dirigente fue clara: "todo esto que nos ha ocurrido es para que los viejos vendan nuevamente a los intermediarios, todo va para allá". En la cancha de acopio les pagan $5.000, pero como les rechazan un 40% de lo que traen, descontando el flete les quedan los mismos $3.500 que pagan los intermediarios de Mardones que recorren en camiones los caminos ofreciendo $3.500 por palo, sin factura de compra pero al contado, y con un mínimo porcentaje de rechazo. Lo que cambia es que "ahora están avalados por el gobierno. Antes el intermediario venía solo a esquilmar a los campesinos, ahora viene avalado por el gobierno, y la organización nuestra se está muriendo porque el gobierno no nos avaló", concluye Saavedra. Mardones y el negocio de la madera

Poco antes que surgiera la Cooperativa en su primer intento en el 99, Gonzalo Mardones, ex gerente de Ferrocarriles del Estado, levantó una empresa en un área que por sus funciones en la empresa estatal conocía de sobremanera: la adquisición y reventa de durmientes para línea férrea, aplicándoles un proceso de impregnación con creosota, un derivado de alquitrán de hulla, que otorga a la madera nativa una mayor resistencia al tráfico ferroviario intenso, garantizando una duración de entre 30 a 45 años. En la actualidad, la empresa Agrícola y Comercial Mardones Ltda. o Mardones BPB, cuya planta se encuentra en Yumbel, es la única empresa en Chile y Sudamérica que exporta durmientes de madera certificados bajo estándares internacionales, cuenta con capitales y certificación estadounidenses y además de abastecer el mercado nacional exporta durmientes impregnados a Nueva Zelanda, Perú, Bolivia y Estados Unidos, principal consumidor de durmientes en el mundo. Exportaciones que anualmente le reportan entradas que alcanzan el millón de dólares aproximadamente.

Según informaciones recientes, el mercado mundial transa al año cerca de 30 a 40 millones de durmientes de madera de eucalipto y especies nativas.

En julio del 2003, la empresa del ex gerente de Ferrocarriles amplió su rubro a la fabricación de viviendas sociales con madera nativa, inaugurando una partida de 52 casas en el sector de Quitratué, cercano a Gorbea, Novena Región, proyecto que contó con $268 millones de financiamiento de Fondef, Fondo de Fomento de Desarrollo Científico y Tecnológico, dependiente de Conicyt. La empresa de Mardones, al contrario de la Cooperativa de campesinos, ha encontrado todas las facilidades por parte de entidades de gobierno, entre ellas la firma, en diciembre de 2002, de un convenio entre la empresa y Conaf de la Novena Región, que implica un compromiso entre ambas entidades para el manejo sustentable del bosque nativo y le otorga la responsabilidad a la empresa de Mardones BPB de controlar que las maderas adquiridas cumplan con las normas del manejo sustentable. Política que denuncian los campesinos, es como dejar al gato al cuidado de la carnicería, explicando que esta empresa es la principal compradora de los intermediarios, muchos de los cuales trabajan para ella, recorriendo los campos, cancelando 3.000 a 3.500 pesos por durmiente, el mismo que luego de ser impregnado la empresa revende a Ferrocarriles a un precio que bordea los 26.000 pesos por madero. source: http://www.elsiglo.cl/
 
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