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june
18
2002

¿Empresas forestales pueden convivir en forma pacífica con los mapuches?
por Erika Riquelme V.
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18 de junio 2002

Controvertida, por decir lo menos, es la actividad forestal en la región. Con excepción de la Corporación de la Madera y de la Cámara de Comercio, Turismo y Servicios, ninguna otra voz, se alza con fuerza a la hora de defender su trabajo en la región; ni siquiera la voz de gobierno regional, en tanto que dirigentes de organizaciones mapuches son fuertemente críticos, a la hora de señalar que las forestales funcionan en tierras que les fueron usurpadas.

Al plantear la idea de este reportaje, el objetivo fue definir de la manera más objetiva posible, la importancia que tienen las empresas forestales en la región. Y hubo sorpresas, por ejemplo, el hecho de que ningún organismo, ni público, ni privado, cuenta con la información de a cuánto asciende el monto de las inversiones del sector forestal en la región. Según se nos confidenció en un organismo de gobierno, cuando en una oportunidad intentó averiguar la información, las empresas se mostraron renuentes a entregar los antecedentes, porque se considera “información estratégica”.

Tampoco la CORMA tiene ese antecedente y sólo se manejan cifras aproximadas de lo que significan inversiones en plantaciones; pero nada sobre infraestructura, maquinarias y otro tipo de capitales. Según lo expresado por el gerente de CORMA, Emilio Guerra esa es una gran falencia, no sólo en lo que toca a la empresa forestal, sino en lo relacionado a todo tipo de empresas y a su juicio, debería existir a nivel de gobierno, una suerte de oficina de inversiones, donde hubiera información con lo que cualquier empresa necesita para instalarse en la región.

Agregó que, en todo caso, de acuerdo a los antecedentes que maneja, dentro de las 40 empresas asociadas a la CORMA, ninguna está interesada en realizar nuevas inversiones.

En cuanto a tributación, la Dirección Regional de Impuestos Internos, desconoce cuanto se tributa a nivel regional por el mencionado rubro; cuestión que no tendría importancia, según se señaló, porque al ser Chile una nación unitaria, todos los fondos, independientemente del lugar donde se tributen, van al erario nacional que lo distribuye después a las regiones.

Tampoco la mencionada dirección cuenta con el antecedente del número de empresas del rubro que tienen actividades tributarias en la región; obtener el dato, significaba implementar un programa computacional y para ello se requerían fondos que no había disponibles.

Si lo medimos en términos de imagen, la verdad es que la actividad forestal no es bien vista por la mayoría de los habitantes de la región ya que se les acusa de depredadores del bosque, de contaminadores de los suelos, de destrozadores de caminos y, ni siquiera, el hecho de que generan empleos, satisface, porque se señala que es gente que las empresas traen desde otras regiones.

Al parecer, el mensaje de que es un recurso renovable y que se explota de manera racional, obteniendo incluso los permisos de instituciones ecológicas, no es lo suficientemente fuerte para enfrentar a la imagen de sierras botando árboles y camiones cargados con troncos y astillas, que parecieran estar llevándose el bosque de la región.

Exportaciones y empleo

Al llegar el momento de hablar de exportaciones, ahí se nota la importancia de la industria forestal, principalmente a nivel país. Esto porque, según cifras consultadas en el Instituto Nacional de Estadísticas y extraídas de lo publicado en el anuario de estadísticas silvoagropecuarias del Instituto Forestal, la celulosa es el segundo producto de exportación después del cobre, con un 21,4% de participación en las exportaciones nacionales. En 1999, el monto total exportado de productos forestales, fue de 1.925 millones de dólares.

Según lo publicado por el INFOR, “al situar el sector forestal en el contexto del aporte de divisas y en el aporte al Producto Interno Bruto [3%], se concluye que es la segunda actividad económica chilena más importante, después de la minería, y que, al contrario de esta, la producción forestal tiene la ventaja de ser renovable y un efecto multiplicador muy superior sobre la economía”.

Con las cifras anteriores, el informe asevera que el sector forestal chileno ha contribuido en el mejoramiento del bienestar de los chilenos por el mayor aporte de divisas, empleos directo e indirecto, impuestos, recuperación de los suelos, aumento de la forestación [mayor captura de carbón , entre otros], mejoramiento de la calidad de vida en el campo y otros.

En cuanto a empleos, según el INE, 13.242 personas en la región trabajan en el sector forestal, ya sea de manera directa con las empresas o indirecta en servicios asociados, como transporte, alojamientos, comidas, reparación de caminos, mantención de maquinarias, etc.

Tercera en importancia forestal

Según cifras publicadas de lo que fue la plantación durante el año 1999, la novena región, con 13.803 hectáreas, es la tercera en importancia del país, luego de la VII y de la VIII, que es la más importante con 51.529 hectáreas. Al respecto, Emilio Guerra de la CORMA, aclaró que esa cifra, de aproximadamente 85 mil hectáreas plantadas en las tres regiones, bajó el año 2000, a cerca de 50 mil hectáreas .

Actualmente en la región, hay en total 359 mil 677 hectáreas de plantaciones forestales, que junto con las 907 que son de bosque nativo, suman más de 1.200 hectáreas de bosque.

El Secretario Regional Ministerial de Agricultura, David Jouannet coincide con el importante aporte del sector forestal a la economía nacional, en cuanto a su participación en el Producto Interno Bruto, en el monto de exportaciones y en la cantidad de empleos que genera.

No obstante, señaló que el sector no ha crecido equitativamente, ya que casi un 70% se lo llevan las grandes empresas y esto, fundamenta el Seremi, debido al decreto ley 701 del año 1974, que impulsó al sector forestal y que bonificaba a los mayores productores, o sea –precisó Jouannet- “se les entregaba dinero y más beneficios a quien tenía más plata para invertir”. Esta modalidad, diferente a la existente en otros países, permitió que crecieran empresas como Mininco, perteneciente al grupo Matte; Arauco del grupo Angelini y Millalemu, perteneciente a un ciudadano suizo y de otras forestales, aunque a más baja escala.

A nivel regional, el sector forestal produce el 8 por ciento del Producto Interno Bruto, en otras palabras de todo lo que produce la región, un 8 por ciento corresponde a la producción forestal . Agregó que no es fácil saber lo que se está produciendo en la región, porque mucho de ella no sale por acá, sino por Concepción, donde están las casas matrices de varias empresas, o por el puerto de Talcahuano.

Medio ambiente

Si en producción y empleos, hay coincidencias en el aporte que significan las forestales, las discrepancias comienzan cuando se toca el tema del cuidado del medio ambiente. Allí, las acusaciones suenan fuertes y claras; las plantaciones de pino y eucaliptus secan los suelos; los acidifican impidiendo otros cultivos e inhiben la reproducción de flora y fauna que en el bosque nativo serían abundantes.

Según lo expresó Emilio Guerra, están muy conscientes de estas aseveraciones y por ello han realizado estudios como el del ingeniero civil, Alberto Levy Widner, especialista en hidráulica y que proyecta obras de embalse para regadío.

En el extenso estudio se señala que con pluviometrías anuales que van desde los 500 a los 2.500 milímetros, la infiltración en el suelo, que es el saldo que no escurre, alcanza a valores que fluctúan entre los 400 a los 600 milímetros. La mayor pluviometría aumenta la cantidad de agua que escurre en la hoya hidrográfica.

Vale decir desde la zona de Pichilemu hasta el río Valdivia y Puerto Montt, el suelo recibe o acumula cantidades de agua muy similares. “De ello se deduce que la cantidad de agua utilizada por los árboles para su desarrollo no depende de si éstos son nativos o éxoticos , o si son de distintas especies o si tienen hojas caducas o perennes sino de la cantidad de agua que pueden encontrar en el suelo en que crecen y que es aportada exclusivamente por las lluvias que caen en su rededor.

Una salvedad debe hacerse . En los bosques nativos que han existido desde varios siglos o milenios en las zonas central y sur de Chile, la hojarasca en el suelo es de mayor espesor que aquella que puede encontrarse en un bosque plantado por el hombre, por lo que la retención de agua que puede hacer esa masa vegetal esponjosa es mayor, generándoles mayores beneficios que a los árboles plantados en los últimos años, ventaja que no se produciría si se plantaran bosques de especies nativas y exóticas en suelos cercanos y al mismo tiempo.

Hechas estas observaciones, precisa el estudio, calculemos el agua disponible para el bosque y que ha sido infiltrada en el suelo luego de las lluvias. En promedio, 500 milímetros, es decir, 5000 metros cúbicos por hectárea. Un bosque bien explotado o manejado, no debe tener más de 500 árboles por hectárea.

Por lo tanto, a lo largo del año, cada árbol puede disponer de 10 metros cúbicos o 10.000 litros de agua para su subsistencia, formación de la materia orgánica y evaporación. Ello da un valor cercano a los 28 litros por árbol y por día en promedio anual. Evidentemente en regiones menos lluviosas del país, esta disponibilidad será inferior así como más al sur de Chile los bosques dispondrán de mayores cantidades de agua.

Un terreno desnudo de vegetación se seca superficialmente mucho más rápido que uno cubierto de ella. El agua que quedó impregnada en el subsuelo bajo esa superficie, por el fenómeno físico de la capilaridad tiene la tendencia a subir y evaporarse [tensión superficial del agua] de tal modo que en los meses del estío, ese suelo quedará más seco que el forestado y no generará ni vertientes, ni pequeños hilos de agua.

Por las razones expuestas, el estudio concluye que es un mito el hecho de que las plantaciones de pino y eucaliptus absorban mayor cantidad de agua que otras especies y que seque los suelos.

En cuanto a que acidifiquen el terreno y lo inutilicen para cultivos posteriores, el estudio precisa que los análisis de suelos efectuados luego de una o dos rotaciones de bosques de pinos de 20 a 25 años han demostrado que las características minerales no han variado sustancialmente; debido principalmente a que las raíces son más profundas por lo que la extracción de minerales se efectúa a niveles bastante inferiores bajo el suelo, lo que permite incluso aumentar la presencia de ellos en los niveles superiores.

El hecho ha sido comprobado con posteriores cultivos de trigo que han dado buenos rendimientos, aún sin fertilizar.

Según el estudio, los suelos forestales o agrícolas serán cada día más fértiles, con una mayor capa vegetal que se va formando por la hojarasca y desechos de explotación del bosque o por los rastrojos que quedan luego de los cultivos anuales, al margen de los abonos y enmiendas que la agricultura moderna les está incorporando permanentemente.

Costos ocultos

Para el Secretario Regional Ministerial de Agricultura, el tema de lo que denomina “costos ocultos” recién ha comenzado a dársele importancia, ya sea por los organismos estatales chilenos o por las exigencias que plantean los mercados internacionales para comprar los productos forestales chilenos.

Al igual que para muchas personas, para el Seremi, los bosques de pino y eucaliptus consumen mucho más agua que otras especies y acidifican el suelo y por lo tanto, se autoriza el uso forestal sólo de suelos grados 4 ó 5, que no son aptos para cultivos agrícolas.

Sobre si las empresas necesitan hacer estudios de impacto ambiental o declaraciones de impacto ambiental para su funcionamiento, el Seremi reconoce que para el caso de las forestaciones no, pero sí para construir alguna planta de tratamiento de celulosa o un aserradero.

Agregó que independiente de lo que determine la COREMA, las empresas han debido ir cumpliendo exigencias de mercados internacionales, que tienen que ver con antecedentes ambientales, económicos y sociales. Necesitan certificaciones que digan que están libres de plaga, que tienen un buen manejo y que tienen buenas relaciones con las comunidades indígenas, como se ha hecho en países como Cánada.

Añadió que hay preocupación del gobierno sobre el tema y que se están reevaluando las situaciones. Del mismo tenor, fueron las declaraciones hechas por el Intendente en el sentido que la certificación ambiental es muy importante para la Araucanía, porque se ha descubierto que en años anteriores hubo plantaciones en quebradas, en vertientes de agua y en microcuencas.

Para Emilio Guerra de la Corma, la seriedad del trabajo de las forestales va mucho más allá y hay varias que no sólo cumplen con las exigencias chilenas, sino que cuentan con los sellos FSC [Forest Stewardship Council], que son los sellos ambientales más exigentes que existen hoy en el mundo.

Forestales están en terrenos mapuches

La exigencia internacional de mantener buenas relaciones con el entorno social, sin duda que en el caso de la Araucanía es lo que genera mayor conflicto, porque se podrán optimizar los cuidados con el medio ambiente, mejorar la competitividad, aumentar la generación de empleos, pero eso no soluciona el problema con el pueblo mapuche que reclama las tierras, dónde trabajan estas empresas, como propias.

Para ello conviene, adentrarse un poco en la historia y comprobar que después de la pacificación de la Araucanía, se entregaron títulos de merced a las comunidades mapuches, los que, según algunos estudiosos jurídicos, aún se mantienen vigentes. Sin embargo, estos títulos de propiedad no fueron respetados cuando llegó el momento que el decreto 701 del año 1974, permitió a las forestales comprar los terrenos que necesitaban.

Por eso para Marcial Colín Lincolao, presidente de la Asociación Comunal Mapuche Poyelhue de Villarrica, que representa a 39 organizaciones territoriales del sector, y uno de los dirigentes que está trabajando para que se reconozca constitucionalmente al pueblo mapuche, lo primero que las forestales deben entender es que están en territorios que ancestralmente les han pertenecido.

En segundo lugar, puntualizó, el desarrollo que dicen traer las empresas es algo que “no llega a nuestras comunidades, y es cuestión de ver el nivel de pobreza que existe alrededor de donde están instaladas las forestales. Por eso es bueno que, a pesar de todo lo que se pueda decir en términos estadísticos, aquí son muy pocos los que se benefician económicamente y no sólo con las forestales, sino que con cualquier trasnacional que esté inmersa en nuestro territorio”.

Enfatizó que el problema de la existencia de las forestales es que están instaladas en territorio mapuche sin su consentimiento y que ese es un problema político que tiene un trasfondo mucho mayor que la pobreza.

Ejemplificó que no se trata de mejorarle la casa a los mapuches porque aquí hay derechos políticos que han sido violentados y eso se resuelve directamente en un trato distinto con el Estado. Agregó que si estas empresas forestales quieren realmente solucionar el problema, tienen que escuchar las demandas del pueblo mapuche porque incluso posibles soluciones y conceptos de desarrollo, planteados por el Estado, no tienen nada que ver con lo que ellos piensan como mapuches. “A nosotros se nos hace, no sólo un tremendo daño económico y político, sino que también ecológico, Aquí el entorno, el medio ambiente se ve seriamente transformado, seriamente dañado y eso atenta directamente contra nuestra cultura; contra todo el sistema de salud que tiene el pueblo mapuche”, recalcó.

Movimiento político mapuche

Precisó que el caso de las forestales es sólo un tema, porque el movimiento mapuche en general tiene una trayectoria de varios años. “Tenemos documentos de hace más de una década en que venimos planteando como pueblo, sin intervención de ideologías ajenas y eso tiene que quedar muy claro, la ratificación del convenio 169, [es un convenio de la OIT y de la ONU, donde se reconocen los derechos de los pueblos indígenas en sus territorios y que no ha sido suscrito por Chile]; reconocimiento a nuestra condición de pueblo y los derechos individuales y colectivos que tenemos como tal”.

Sobre si justifica el uso de la violencia para recuperar tierras, Colín señaló que “lo más ilegítimo es la forma como el Estado se apropió de nuestras tierras, los engaños y las acciones que se hicieron para quitarle las tierras a nuestro pueblo. Yo no justifico la violencia, pero creo que el pueblo mapuche tiene la razón y por eso no creo que sea necesario esconderse, pero si la represión es muy grande, obliga a esconder el rostro. Sin embargo, eso trae problemas porque, de repente, puede tratarse de gente que incluso quiere desprestigiar el movimiento político mapuche que lleva años buscando soluciones políticas a los problemas”.

De acuerdo con lo que usted plantea, la solución pasaría entonces porque se fueran las forestales y devolvieran las tierras a sus antiguos dueños?

Yo creo que parte de la solución es que el Estado establezca una política hacia el pueblo mapuche, distinta a la que ha tenido hasta el momento, Y cuando digo eso, me refiero a que el pueblo mapuche no sólo exige tierra, sino participación política, reconocimiento a definir su propio futuro, su propio destino. Nadie habla aquí de expulsar a nadie, ni a la sociedad chilena, ni a los demás. Aquí lo que se habla es que se reconozca que existe una cultura distinta, que es real y que para su desarrollo necesita, no la imposición de un modelo desarrollo, de un modelo economicista, sino que necesita que se le reconozca y nosotros tendremos que ser capaces de autogestionar y definir que desarrollo queremos. Hace falta una mirada distinta hacia nuestro mundo y ver si es posible un camino, porque hay países donde se han reconocido a los pueblos indígenas y donde incluso se les reconoce el autogobierno,

¿Cree posible una convivencia pacífica entre el pueblo mapuche y las forestales?

Yo creo que siempre va a ser posible si ambas partes lo deciden y creo que aquí ninguna de las dos partes ha buscado ese camino, sino que aquí se ha buscado un entendimiento con el Estado, con el gobierno y a lo mejor falta que las empresas forestales se acerquen a escuchar los planteamientos del pueblo mapuche. Creo que sería absolutamente miope no darse cuenta de que se está interviniendo en un territorio que no les pertenece donde ha existido una infinidad de abusos legales para arrebatarle la tierra a los mapuches y creo que eso es algo que no se puede olvidar, por lo menos el movimiento mapuche no lo puede olvidar.

Como referencia de la importancia del mencionado movimiento, comentó la reciente realización del parlamento mapuche, en el que participaron 6 organizaciones territoriales, incluyendo una de Argentina y suscribieron un documento político en el que exigen al Estado chileno, que reconozca su condición de pueblo; que reconozca derecho al territorio, a las tierras y a la libre determinación como principios básicos.

¿Forestales, “go home”?

Dadas las condiciones que presenta la Araucanía, una solución simplista sería decidir que las grandes forestales retiraran sus capitales y se fueran hacia otras regiones, o incluso, a otros países; de hecho en Argentina ya existen alrededor de 80 mil hectáreas plantadas por grandes empresas chilenas; pero existe convencimiento en los distintos sectores de que pueden existir en convivencia pacífica las empresas forestales y el pueblo mapuche. Por otro lado, no es menos importante que un numeroso grupo de empresarios forestales más pequeños son de la región y están interesados en continuar invirtiendo acá. También es cierto que las empresas más afectadas, cuando se trata de acciones violentistas son precisamente estas, porque son las que tienen menos patrimonio.

Tampoco se puede desconocer que precisamente, el trabajo del Gobierno en la región está encaminado a fortalecer el encadenamiento productivo de las pequeñas y medianas empresas del rubro, con el propósito de generar productos con mayor valor agregado. En este contexto, resulta relevante, el hecho que en la región se produce el 60% de los muebles que se fabrican en el país.

En resumen, como país el aporte que realiza el sector forestal es de suma importancia, por el nivel de exportaciones e ingreso de divisas que generan, pero eso también podría darse, independientemente de la región, desde donde se trabajen las plantaciones. El desafío entonces, es si la región de La Araucanía sería capaz de absorber, por otras vías, los 13 mil empleos que produce el trabajo del sector forestal. De ser así, se podría deducir que la importancia de las grandes forestales sería, por decir lo menos, relativa en el desarrollo regional. source: http://www.diarioelgong.cl/
 
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